Reformería

Materiales26 de septiembre de 2026 · 4 min de lectura

El color manda en la reforma: azules, blancos y salvia

Pantone, Bruguer y AkzoNobel ya han fijado sus colores para 2026 y 2027. Elegir bien la pintura es la decisión más barata y visible de una reforma.

Septiembre es el mes en que la industria del color pone las cartas sobre la mesa. El 8 de septiembre, AkzoNobel —el grupo al que pertenece Bruguer en España— presentó su color del año para 2027: Soulful Sage, un verde salvia suave y algo plateado que la compañía describe como una invitación a "vivir ligero", es decir, a construir espacios que no añadan peso visual a una vida ya saturada de estímulos.

El anuncio llega en un curso con propuestas llamativamente distintas entre sí. Pantone eligió como color de 2026 el 11-4201 Cloud Dancer, un blanco etéreo que el instituto presenta como símbolo de calma y como lienzo en blanco. Bruguer, en cambio, no se decantó por un único tono para 2026, sino por tres azules índigo: Azul Free (vibrante), Azul Flow (claro y delicado) y Azul Slow (oscuro y reflexivo). El pasado 21 de septiembre, idealista reunió estas propuestas y añadió una tendencia que se está viendo mucho en interiores: los cremosos *buttercream*, marfiles cálidos del tipo RAL 1015 que funcionan bien con maderas y fibras naturales.

Tres caminos para la misma pared

Conviene entender qué es cada cosa antes de tomar decisiones. El color del año de Pantone es una previsión cultural y cromática que afecta a moda, gráfica, producto e interiorismo. El de AkzoNobel sale de ColourFutures, el estudio anual de tendencias de su centro de diseño, que reúne a expertos internos con arquitectos, interioristas y periodistas para traducir cambios sociales en paletas. No son normas ni obligaciones: son apuestas comerciales de quien fabrica y vende pintura.

Dicho esto, la coincidencia de fondo es significativa. Un blanco sereno, unos azules pensados para "bajar el ritmo", un verde salvia lavado y unos marfiles cálidos apuntan todos en la misma dirección: menos saturación, menos contraste duro, más superficies que no cansan. AkzoNobel completa su verde con tres paletas de acompañamiento —Glow, con tonos tierra; Light, que combina tonos pálidos con oscuros; y Lift, más luminosa y optimista—, lo que da idea de cómo se plantea el color hoy: no un tono aislado, sino una familia de tonos que se reparte entre paredes, carpinterías y textiles.

Por qué esto importa más de lo que parece

En el presupuesto de una reforma, la pintura suele ser una de las partidas pequeñas. Y sin embargo es la que más se ve, la que condiciona cómo se perciben el suelo y la cocina que acabas de pagar, y la única que puedes cambiar dentro de unos años sin levantar nada. Esa asimetría —poco coste, mucho impacto, fácil de rectificar— es la razón para tomarse la decisión en serio, y también para no bloquear una obra por ella.

El riesgo está en el orden. Elegir el color antes de tener cerrado el material del suelo, el tono de las puertas o el frente de la cocina es la vía rápida a un resultado incoherente, porque la pintura es el elemento flexible del conjunto y debería adaptarse a los materiales caros, no al revés.

Qué significa si vas a reformar

Deja la elección del color para el final, cuando ya tengas muestras físicas del suelo, la encimera y la carpintería. Llévalas contigo y decide con todo junto, nunca con una carta de colores aislada.

Compra probadores y pinta dos cuadrados grandes —medio metro por medio metro, mínimo— en la pared que vas a tratar, no en un cartón. Mírala por la mañana, a media tarde y con la luz artificial encendida: un salvia o un marfil cambian mucho según la orientación, y en estancias al norte los tonos fríos apagan la luz que ya tienes poca.

Pide en el presupuesto que se especifique el acabado, no solo el color: mate para paredes de salón y dormitorios, lavable o satinado en pasillos, cocina y zonas de paso con niños o mascotas. Es el detalle que decide si a los dos años la pared se limpia o se repinta.

Y si dudas, usa el color en una sola pared o en una zona concreta —el hueco de una estantería, la pared del cabecero, el interior de un armario abierto— y mantén el resto neutro. Sale más barato equivocarse en cuatro metros cuadrados que en toda la casa.

Fuente: idealista/news. Este artículo es un resumen propio elaborado por la redacción de Reformería; para el detalle completo, consulta la fuente original.

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